domingo, 15 de noviembre de 2015

CUENTOS PARA "AUTOESTIMARSE"

El cuento de la vasija agrietada es  bien aleccionador  en relación a  "cómo podemos hasta sacar provecho de lo que aparentemente son nuestras limitaciones".... 



Más cuentos de la colección CUENTOS CON ALMA


Otro cuento (EL ANILLO) que nos habla DEL VALOR DE LAS PERSONAS    narrado por Jorge Bucay




¿Por qué nos empeñamos en  dar crédito a la valoración  que hacen los demás de mi si ellos no "son expertos"?

domingo, 25 de octubre de 2015

METÁFORAS EN ECOLOGÍA EMOCIONAL

El modelo de ECOLOGÍA EMOCIONAL  que proponen  Jaume Soler y Mercé Conangla emplea de forma habitual en su formación el uso de las metáforas y de los cuentos.
La ecología emocional es “el arte  de gestionar nuestros afectos de tal forma que su energía promueva conductas que aumenten nuestro equilibrio emocional, favorezcan el desarrollo de nuestra capacidad de adaptación positiva, la mejora de nuestras relaciones interpersonales y el respeto y el cuidado de nuestro mundo”.
Visita la web del Institut de Ecología Emocional...

 

Apuntes de ECOLOGÍA EMOCIONAL pdf  DESCARGAR

                                          Entrevista a Merce Conangla y Jaume Soler  donde se explica                                                                                   el modelo de ECOLOGÍA EMOCIONAL


Podríamos decir que este modelo en sí mismo es "una METÁFORA" al extrapolar los conceptos de la ecología ambiental al contexto del mundo emocional de las  personas y de sus relaciones. Así se habla de...  "sostenibilidad emocional, fuentes de energía,  clima emocional, contaminantes emocionales, basura  emocional,  reciclar sentimientos, ..."

En su libro "Aplícate el cuento" dicen de las metáforas, cuentos o fábulas ...."son llaves que abren puertas y ventanas en nuestra mente, y amplían nuestra visión del mundo; son preguntas lanzadas como semillas de cambio a  lo más profundo de nuestro interior; son puentes que unen nuestra mente, nuestro corazón y nuestra alma; medicina sin efectos secundarios; vitaminas  emocionales amplificadoras de nuestros sentidos. (...) son materiales profundamente ecológicos, totalmente reciclables, sin caducidad, limpios, flexibles y adaptables a culturas y contextos de lo más diverso." 


Vídeos de presentación y varias metáforas


Kolam con Mercé Conangla





sábado, 10 de octubre de 2015

Cuentos para pensar sobre EL CAMBIO

Fábula de La rana y el alacrán

   Cuenta una vieja historia, que en un país distante se  encontraba una rana junto a un bello estanque. Esta se disponía a entrar cuando de repente apareció un alacrán y le  dijo:
-Amiga rana ¿que haces?, y la rana le respondió:
-Estaba   a punto de entrar en  el estanque, ya que mis hijos me esperan  ahí.
El alacrán volvió a hablar:
-Amiga rana, no seas mala  y  hazme un gran favor: llévame al otro lado del estanque sobre tu lomo, ya que yo no puedo cruzar por mis propios   medios.
La rana con un poco de temor le contestó:
-Eso no  puede ser posible, ya que tú  eres  un alacrán y me picarías sin  duda alguna.
-Confía en mi -replicó el alacrán- puesto que quiero un favor  no te picaré   y además si yo te picará, me ahogaría yo también pues , como te he dicho, no sé nadar.
Ante esas explicaciones la rana asintió
-Está bien, confío en ti.
El alacrán subió al lomo de la rana y comenzaron a cruzar  juntos el estanque, pasando un poco más de la mitad del   estanque el alacrán levantó la cola y la ensartó en el lomo de  la rana.
La rana  herida  se giró a ver al alacrán y le   preguntó:
-¿Porque lo hiciste alacrán?, tú lo habías  prometido.
 Y el alacrán confundido y lleno de pena respondió mientras se ahogaba:
 -No sé por  qué lo hice, ¿será porque soy alacrán?. Mi naturaleza es picar.
Diciendo esto murieron los dos ahogados en mitad del estanque.


Puedes escuchar la fábula aquí...



Cuento: El alacrán y el maestro
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio  cómo un alacrán chapoteaba moribundo en una gran charca.
Se acercó a socorrerlo ante el asombro del discípulo:
-      ¿Cómo vas a ayudar a un alacrán?. El te picará sin dudarlo.
El maestro seguía en su empeño de salvar al vida al pobre alacrán. Ayudándose de una caña intentaba sacarlo del charco. Mientras tanto el alacrán se revolvía e intentaba picarle con su aguijón.
Su discípulo no entendía su empeño:

-      No merece la pena el esfuerzo. Los alacranes son desagradecidos y cuando pueda te picará.
El viejo sabio no atendía a las razones de su discípulo   e intentaba  sacar al alacrán de la charca  sin  ser picado.  Así estuvieron largo tiempo hasta  que la insistencia del maestro se vio recompensada y el alacrán  salió corriendo del agua.
De nuevo el discípulo le preguntó perplejo:
-      ¿Por qué  salvaste al alacrán de su destino?
El maestro se tomo  un tiempo para responder y luego le dijo:
-  La naturaleza del alacrán es picar, y la mía es salvar. Cada  uno hemos hecho lo que debíamos hacer.


martes, 6 de octubre de 2015

La labor del maestro

El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

-  Maestro - lo encaró uno de ellos una tarde - Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
-  Pido perdón por eso. - se disculpó el maestro - Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
- Gracias maestro. - respondió halagado el discípulo.
- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿ Me permites?.
- Si. Muchas gracias - dijo el alumno - ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?
- Me encantaría,... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte... Permíteme también que te lo mastique antes de dártelo
- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! - se quejó sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:
- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada.







martes, 2 de junio de 2015

CUENTOS DEL MUNDO

En la ultima sesión de clase tuvimos la visita de un grupo de personas de un curso de ESPAÑOL PARA PERSONAS EXTRANJERAS que se desarrolla en Universidad Popular de Zaragoza. Las participantes nos contaron algunos cuentos tradicionales de sus países. 
También algunas participantes del Curso de Cuentos y Psicología se animaron a leer algunos cuentos  para reflexionar. El encuentro resultó muy interesante y enriquecedor para todos/as.

Un momento de la lectura de los cuentos

miércoles, 27 de mayo de 2015

LAS EMOCIONES EN LOS CUENTOS

En esta entrada se presentan algunos cuentos de Jorge Bucay que  hablan de LAS EMOCIONES....

Cuento de La isla de las emociones  narrado por Jorge Bucay



Cuento "La Tristeza y la Furia"


Es cuento nos habla del ANALFABETISMO EMOCIONAL que se produce cuando las personas no somos capaces de reconocer y manejar  bien nuestras  propias emociones. Por ejemplo, nos confundimos cuando frente a una pérdida en lugar de entristecernos, que sería lo natural, lo que hacemos es  enfadarnos y dañar a otras personas.

sábado, 25 de abril de 2015

CUENTOS PARA "PERSONAS IRACUNDAS"

Una persona enfadada lo último que desea escuchar es.... UN CUENTO. Sin embargo en esta entrada traigo algunos relatos que pueden servir para "hacer pensar" sobre  las consecuencias, lo inaceptable e inútil que suelen ser este tipo de reacciones y cómo se pueden abordar los problemas con los demás de "forma  diferente".
"Siempre tendremos razones para estar enfadados, pero esas razones, rara vez serán buenas" Benjamin Franklin

El cuento: EL COLECCIONISTA DE INSULTOS

En los días que corren es conveniente cederle un espacio a esta alegoría budista que transcribe Paulo Coelho y que hará pensar a muchos.
Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.
Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?
El viejo samurai repuso:
-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.
-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.



 Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos nosotros los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos responsables de ellos. 
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 9 de abril de 2015

CUENTOS "DE VERDAD"




Se ha suscitado en clase algunos debates  muy interesantes en relación a la conveniencia o no de DECIR  LA VERDAD en la relaciones sociales y con  el objeto de  "generar más reflexión" os propongo estos dos cuentos de Jorge Bucay de su libro "Déjame que te cuente"


"El detector de mentiras"

LA TIENDA DE LA VERDAD de Jorge Bucay


Al hilo del tema....

¿Qué es el SINCERICIDIO? (Jorge Bucay es uno de los primeros en hablar del "sincericidio")
Es el acto por el cual una persona, que creyéndose sincera, honesta o dueña de la verdad -cuando en realidad está siendo desconsiderada, carente de tacto e irresponsable verbalmente- comunica a otra cierta información, produciéndole una herida emocional significativa. Esta herida puede llevar años en sanar o lo que es peor aún: no sana nunca, deteriorando en muchos casos, gravemente la autoestima.
(para leer el artículo visita http://talleresdepsicologiapractica.blogspot.com.es/)



http://www.corazonesinteligentes.com/2014/10/el-sincericidio-i.html

Ver VIDEO sobre el tema de Pablo Antivero





domingo, 1 de marzo de 2015

MI VIDA COMO UN ÁRBOL

EJERCICIO  DE AUTOCONOCIMIENTO

{Ahora soy un árbol grande, robusto, frondoso y, eso sí, caduco. Ahora doy "buenos frutos", sirvo de cobijo a las aves y doy buena sombra a las personas. He madurado y  en mi corteza han quedado las huellas de las inclemencias
y del tiempo. Pero no siempre fui así:
No sé quien me plantó un día. Yo no decidí nacer en ese momento  ni en ese lugar. A mi "me plantaron".
Sólo sé que al principio era pequeño y débil  y necesitaba muchos cuidados: abundante agua y sol. En ocasiones alguien me abonaba y me quitaba las malas hierbas. En otros momentos, algunas manos expertas me podaban- no sin dolor- para poder desarrollarme todavía mejor. El viento y las plagas fueron modelando mi talle. Mis raíces fueron abriéndose paso entre los estratos del subsuelo en búsqueda de preciado fluido. Mis ramas y mi follaje se levantaron poderosas hacia el dios sol.
Pasaron algunos años antes de que las florecillas incipientes se convirtieran en frutos ridículos al principio. Luego, por fin, me sentí poderoso y capaz de ofrecer mis frutos carnosos y maduros.  Ni el viento, ni  las inclemencia, ni las plagas podrían conmigo: Soy un árbol robusto, fuerte, independiente y maduro.}




A partir de este relato,  piensa en tu vida....

¿Cómo era la tierra donde te desarrollaste?
¿Quién te abonaba  y cuidaba  de pequeño?
¿Qué cuidados necesitabas de pequeño?
¿Qué o quienes eran las plagas y las malas hierbas?
¿Quién te podaba "con dolor"?
¿Cuándo y cómo empezaste a buscar el agua por tu cuenta?
¿Cómo son  tus raíces?
¿Cuáles son tus raíces?
¿Cuáles son las huellas que ha dejado tu vida en  tu corteza?
¿Cómo es tu corteza?
¿Cómo son tus ramas?
¿Cómo enfrentas las inclemencias y las plagas?
¿Cuáles son tus frutos?
¿Estás maduro/a?....¿Eres una persona madura?

miércoles, 25 de febrero de 2015

LAS DOS GOTAS DE ACEITE

¿Cuál es el Secreto para La Felicidad?

Cierto mercader envió a su hijo al más sabio de   todos los hombres para aprender el secreto de la felicidad. El muchacho anduvo muchos dias por el desierto, hasta que llegó a un castillo, que se encontraba en lo alto de una montaña. El sabio que el muchacho buscaba vivía allí.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas que conversaban por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías y había una mesa cubierta con los platos más deliciosos de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos y el  muchacho tuvo que esperar dos horas para ser atendido.

El sabio escuchó el motivo de la visita del muchacho y le dijo que en es momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugirió que se diera un paseo por su palacio y volviera después de dos horas.
"Quiero pedirte un favor" dijo el sabio, entregando al muchacho una cucharilla en la que dejó caer dos gotas de aceite. "Mientras vas caminando, lleva esta cucharilla sin permitir que se derrame el aceite".

El muchacho comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la  cucharilla. Cuando pasaron las dos horas, regreso con el sabio.
Entonces preguntó el sabio:
"¿Has visto las tapicerías de Persia que hay en mi comedor?" ;"¿Viste el jardín que el maestro de jardineros se tardó cien años para plantar?";"¿Te diste cuenta de los bellos pergaminos de mi biblioteca?"

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupa-ción era no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
-“ Vuelve, pues, y conoce las maravillas de mi mundo”, dijo el Sabio. “No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.”

Ya más tranquilo, el muchacho cogió la cucharita y volvió a pasear  por el palacio, fijándose esta vez en todas las obras de arte que pendían del techo y de las  paredes. Vio los jardines, las montañas en  derredor, la delicadeza de las flores, la exquisitez con que cada obra de arte estaba  colocada en su sitio. Al regresar al lado del Sabio, relató con pormenores todo lo que  había visto.
- Pero, ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié? preguntó el Sabio.
Mirando hacia la cucharilla, el muchacho se dio cuenta de que las había derramado.
"Pues ése es el único consejo que te puedo dar" .

El más sabio de los sabios le dijo al muchacho, este es el único consejo que te puedo dar:


"El secreto de la felicidad está en mirar todas   las maravillas del mundo sin olvidarte nunca de las dos gotas de aceite de la cucharita".



lunes, 16 de febrero de 2015

DARSE CUENTA

Este cuento está inspirado en un poema de un monge tibetano, Rimpoche, y que reescribí según mi propia manera de decir, para mostrar una característica más de nosotros, los humanos.
  
Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un pozo en la vereda,
no lo veo,
y me caigo en él.
 
Día siguiente...
salgo de mi casa,
me olvido que hay un pozo en la vereda,
y vuelvo a caer en él.
 
Tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
que hay un pozo en la vereda,
sin embargo,no lo recuerdo,
y caigo en él.
 
Cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del pozo en la vereda,
lo recuerdo,y no veo el pozo
y caigo en él.
 
Quinto día,
salgo de mi casa,
recuerdo que tengo que tener presente
el pozo en la vereda
y camino mirando el piso,
y lo veo y a pesar de verlo,
caigo en él.
  
Sexto día,
salgo de mi casa,
recuerdo el pozo en la vereda,
voy buscándolo con la vista,
lo veo,
intento saltarlo,
y caigo en él.
 
Séptimo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y, caigo en él.
 
Octavo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría...
Y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.
 
Noveno día,
salgo de mi casa,
veo el pozo, tomo carrera,
salto,
y sigo mi camino.
 
Décimo día,
me doy cuenta
recién hoy
que es más cómodo
caminar...
por la vereda de enfrente.

De "Cuentos para pensar"   Jorge Bucay



 










Visita en Más Psicología Por Favor  AUTOCONOCIMIENTO

domingo, 8 de febrero de 2015

El "Cuento" de PREOCUPARSE

Acuérdate de soltar el vaso

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío?

Sin embargo, preguntó:

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.



El psicólogo respondió: "El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve."


Y continuó: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada."



Hacer frente a las preocupaciones es como podar un árbol.
“LA PODA  DEL ÁRBOL DE LAS PREOCUPACIONES”

En la plaza central del pueblo debían quitar un gran roble, el enorme árbol, que con el paso de los años se había convertido en un símbolo del lugar. Hasta en el escudo del pueblo se dibujaba su silueta. El roble se había enfermado de un extraño virus. Corría el riesgo de caerse y de contagiar a los árboles más cercanos. Ya se había hecho todo lo posible por salvarlo y la triste determinación de derribarlo provocaba en los vecinos una profunda sensación de impotencia.

No es fácil determinar la causa de un problema y no es el camino más agradable tomar la decisión de solucionarlo.


Los leñadores llegaron una mañana con sierras automática y hachas. Los vecinos se reunieron en la plaza para presenciar su caída. Esperaban oír el estrépito producido por el choque del inmenso árbol contra el suelo. Suponían que los hombres empezarían a cortarlo por el tronco principal en un lugar lo más pegado a la tierra. Pero en vez de ésto los hombres colocaron escaleras y comenzaron a podar las ramas más altas.


En ese orden de arriba hacia abajo cortan desde las más pequeñas hasta las más grandes. Así cuando terminaron con la copa del árbol, sólo quedaba el tronco central, y en poco tiempo más aquel poderoso roble yacía cuidadosamente cortado en el suelo.


El sol, ahora cubría el centro del parque, su sombra ya no existía, era como si no hubiera tardado medio siglo en crecer, como si nunca hubiera estado allí. Los vecinos preguntaron por qué los hombres se habían tomado tanto tiempo y trabajo para derribarlo. El más experimentado leñador explicó: cortando el árbol cerca del suelo, antes de quitar las ramas, se vuelve incontrolable y en su caída, pueden quebrar los árboles más cercanos o producir otros destrozos. Es más fácil manejar un árbol cuando más pequeño se le hace.

El inmenso árbol de la preocupación, que tantos años ha crecido en cada uno de nosotros, puede manejarse mejor si se lo hace lo más pequeño posible. Para lograrlo, es aconsejable podar en principio, los pequeños obstáculos que nos impiden el disfrutar de cada día y así ir quitando el temor de que en el intento de librarnos de éstos y mejorar, todo se derrumbe.

En ese orden, quitando del comienzo los pequeños problemas podemos, gradualmente ir llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Para cambiar hay que realizar una tarea a la vez, quitar las ramas de la preocupación de una en una, ocuparnos y no preocuparnos.

Reconocer nuestros errores y tener el valor para enfrentarlos, establecer las prioridades y los objetivos en la vida y mantener una verdadera determinación para librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer, disfrutar y vivir, transformando nuestras ansiedades, miedos y preocupaciones en coraje, esperanza y fe.


Lee también el cuento.... El hombre sin preocupaciones

domingo, 18 de enero de 2015

Cuentos y Emociones

Varios cuentos para hablar de las Emociones: cómo funcionan,la relación entre la razón y la emoción, la necesidad de aumentar la autoconciencia y el autocontrol emocional...

LA  ALEGORÍA DEL CARRUAJE
  
Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:
- Sal  a la calle que  hay un regalo para TI.
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy "chic". Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo... todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.
Entonces miro por la ventana y veo "el paisaje": de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino... y digo: "¡Qué bárbaro este regalo! "¡Qué bien, qué lindo...!" Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.
Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.
Me pregunto: "¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?" Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:
-¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de “qué-le-falta” mientras miro las alfombras y los tapizados.
-Le faltan los caballos - me dice antes de que llegue a preguntarle.
Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.
-Cierto - digo yo.
Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje.
Me subo otra vez y desde adentro les grito: -¡¡Eaaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.
Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una pendiente en uno de los laterales.
Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.
Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve. En ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto:
-¡Qué me hizo!
Me grita:
-¡Te falta el cochero!
-¡Ah! - digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, freno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento. Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde ir.
Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la  mejor ruta.
Yo... Yo disfruto el viaje.

Cuento: La tristeza y la furia.

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás   donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
      En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
      Había una vez... un estanque maravilloso.
      Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban   permanentemente...
      Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose  mutua compañía, la tristeza y la furia.
      Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al  estanque.
      La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa  que encontró...
      Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
      Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
      Muy calmada, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar     donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho,       sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del      estanque.
      En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
      Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al   desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la  ropa de la furia. 
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia,  ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


Jorge Bucay, "Cuentos para pensar" 

Cuento: El árbol de los problemas
            
El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeó, le hizo perder una hora de trabajo y  ahora su antiguo camión se niega a arrancar.
            Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Una vez que   llegamos me invitó a conocer su familia. Mientras nos dirigíamos a  la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando  la punta de las ramas con ambas manos.
            Cuando se abrió una puerta, ocurrió sorprendentemente una  transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dió un beso a su esposa. Posteriormente  me acompañó hasta el carro.
        
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté   acerca de lo que había visto hacer un rato antes. "Oh, ese es mi árbol de problemas ", contestó. "Sé que no puedo evitar tener  problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no     pertenecen a la casa, ni a mi esposa ni a mis hijos. Así que  simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego mañana los recojo otra vez ". " Lo divertido es ", dijo sonriendo, " que cuando salgo en la mañana  a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la  noche anterior".